ESTRUCTURA (1)
El largo proceso de
construcción de este edificio religioso y los numerosos
imprevistos que se sucedieron durante el transcurso de su
fábrica sirven para explicar la configuración que en esos
momentos ofrece. Mientras de un lado hay que encuadrarlo en ese
periodo de tardomanierismo clasicista que surge XVII como
heredero de la filosofía estética escurialense, la naturaleza
aragonesa de sus formas (y más concretamente Zaragozana) resulta
a todas luces evidente. Y no solo en lo que concierne a
materiales utilizados, sino también la forma de articular los
espacios.
Pero quizá donde mejor se aprecia esa influencia es en el modo de definir la fachada de los pies, franqueándola por sendas torres en una disposición que tanto tiene que ver con tantos ejemplares vinculados a ese tramo medio del Ebro (Santiago el Mayor de Zaragoza, San Miguel de Corella...), si bien es aquí, en el caso de Alfaro, donde mejor se deja notar en su diseño ese mundo cerrado de autocomplacencia en el que se desenvuelven siempre los frailes trazadores de las distintas Ordenes Religiosas como respuesta estática a sus orientaciones doctrinarias.
El templo presenta planta rectangular dividida en tres naves de igual altura siendo la central mas ancha que las laterales por una simple cuestión de jerarquía organizadora en el marco de unos espacios nacidos para las procesiones claustrales pudieran desarrollarse con comodidad en torno a ese eje que incorpora los referentes mas importantes conectados a las celebraciones del culto.