HISTORIA DE LA CONSTRUCCIÓN

DE LA IGLESIA DE SAN MIGUEL (1)

Interior del Abovedado.Es en el auto de visita del Obispo Martín Ferrer de fecha 29 de Mayo de 1619 donde quedaban perfectamente explicadas las bases que posibilitarían la construcción de la actual iglesia: de un lado el deterioro que había hecho seria mella en las instalaciones provisionales y los cuantiosos gastos que se exigía su continua puesta al punto; y de otro el notable numero de vecinos que por entonces poseía a Alfaro (Mas de 1.300,es decir, unos 5.500 habitantes) junto a una nutrida población flotante y la capacidad de todos ellos para generar riqueza, hasta el punto de evaluarse las primicias en 30.000 reales anuales. Pero, sobre todo, la calidad y autoestima de sus gentes. Constituida la junta de fabrica para asumir la construcción de la nueva colegial de San Miguel con arreglo a un ambicioso plan cuyo coste se evaluaba en unos 40.000 ducados, todos sus componentes se obligaban a aportar 1.000 ducados anuales con cargo a las primacías a lo largo de 40 años que intuían se podían dilatar los trabajos y seguían unos porcentajes previamente establecidos entre ellos.


Abovedado: Cúpula Central.
A partir de este acuerdo, y en medio de un gran optimismo, es cuando de hecho se prodigan los contactos con los mas renombrados maestros de obras, canteros y alarifes con el fin de recabar informes y proceder a la elección del proyecto que pudiera resultar mas adecuado para adjudicar a continuación las obras en el especialista que ofreciera mayores garantías. Mientras se compraban solares y casas (que eran de inmediato derruidas para contar con la suficiente superficie edificable), las consultas se canalizaban a dos bandas que respondían a conceptos estéticos completamente contrapuestos: aquellos que no confiaban en las soluciones clasicistas difundidas desde Navarrete por el cantero Pedro de Aguilera y su círculo inmediato de colaboradores y los que, por el contrario, veían en Zaragoza, y más concretamente en el alarife Domingo Zapata, los horizontes de sus ideales. Ese conflicto de intereses provocaría tanto malestar entre los partidarios de uno y de los de otro que se convertiría en una de las principales causas por las que el proceso de construcción se prolongó en demasía.


Abovedado.

Así, desde unos primeros instantes, y gracias al apoyo brindado por el ayuntamiento, sería Domingo Zapata, auxiliado por su sobrestante Juan de Urroz, el encargado de fabricar la iglesia de acuerdo con su propio plan. Y lo que es mas, también a instancias del ayuntamiento, Domingo Zapata se vería obligado a reformar en 1627 todo el proyecto con el fin de llegar a soluciones mucho mas espectaculares que las contempladas hasta entonces contando con el asesoramiento de un tal fray Nicolás (que algunos han tratado de identificar, tal vez erróneamente con el carmelita fray Nicolás de Santa María, tan activo por Corella a mediados de ese siglo). La idea se centraba fundamentalmente en dar mayor protagonismo a las capillas del testero cubriéndolas con cuíapulas de media naranja sobre pechinas, provistas de sus correspondientes linternas, a semejanza de la proyectada en el segundo crucero.

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