HISTORIA DE LA CONSTRUCCIÓN

DE LA IGLESIA DE SAN MIGUEL (2)


Abovedado: Final del tejado.
El caso es que, tras hacer toda la cimentación, Domingo Zapata, bien por no confiar en esas soluciones o debido a las muchas ocupaciones que tenían, en 1631 optaba por desentenderse definitivamente la dirección de las obras, quedando estas a partir de Diciembre de ese año a cargo de Miguel de Arroche, vecino de Corella y residente por esas fechas en Pamplona, donde estaba atareado en la fabrica del Monasterio de Carmelitas descalzas que nacía tutelado por el Marques de Valdejoso. Pero justo en esos mismos instantes, y debido a discrepancias de criterios, los enfrentamientos entre Ayuntamiento y Cabildo llegaron a tales extremos que las obras tuvieron que interrumpirse por espacio de siete años.

Recreación virtual.

Nuevamente, pues, se requirió el asesoramiento de Pedro de Aguilera y de Domingo Zapata para analizar la forma más conveniente de proseguir la fabrica, a la vez que se establecían también contactos con Juan de Larrañaga, vecino de Estella. Y nuevamente el Ayuntamiento cometería el error de delegar estas funciones en Domingo Zapata con arreglos a sus propias trazas y condiciones, aduciendo como excusa que el proyecto de Pedro de Aguilera era él mas caro. Así, en 1639 y con el beneplácito de todos, el maestro Aragonés reanudaba por fin los trabajos a condición de financiarlos en el plazo de Siete años por 22.000 Ducados. Ahora bien, la necesidad que atender personalmente Domingo Zapata otras empresas en Zaragoza, le obligaría a dejar la dirección de la obra del escribano José de Sola, ya que al fin y al cabo era su Socio y fiador legal a cambio de un porcentaje sobre los beneficios. Recreación virtual.

Sin embargo, al poco tiempo todo el vecindario de Alfaro era ya consciente de los graves errores que presentaba lo poco que se había levantado. El fallecimiento de Domingo Zapata en 1643 dejaría en manos de Domingo Alguerri la materialización del sistema de columnas que tenia como misión sustentar el complejo entramado de cubiertas. Tras distintas peripecias en las que se vio involucrado el maestro de obras Juan de Uteru, vecino de Tutela, y el excesivo volumen de un plan que se convertiría en algo incontrolable, en 1649 era Pablo Hernández, vecino de Zaragoza, quien se obligaba a culminar todo el proceso constructivo correspondiente tan solo a la media iglesia por 12.500 Ducados siguiendo el proyecto de Domingo Zapata. Pero la cuíapula de media naranja que de inmediato planto sobre el Crucero ofrecía tantas deficiencias que el 29 de Diciembre de 1650 se vino abajo sumiendo al pueblo en un desconcierto y desilusión. Tras ser apresado Pablo Hernández, abandonaría luego para siempre Alfaro envuelto en la mayor Amargura.

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