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El primero de los cohetes señala
que las fiestas comienzan. Con el lanzamiento se produce una explosión de
música, baile, cantos y fiesta (acertado nombre el de chupinazo!) y es un gran honor y
alegría ser el concejal elegido desde meses antes, para desear con voz emocionada unas
buenas fiestas a todos, y prender la mecha del cohete desde el balcón de la Casa
Consistorial, ante una muchedumbre enormemente agitada y deseosa de que comiencen los
Sanfermines.
Antiguamente no era acto
multitudinario como ahora; el comienzo de las fiestas lo marcaban las Vísperas,
celebración religiosa en la capilla de San Fermín a la tarde de ese mismo día seis, a
la que acudía la ciudad en pleno. Pero, como en muchas fiestas, no podían faltar los
cohetes y los encargados de la pirotecnia empezaron a probar los cohetes en la Plaza del
Castillo, el 6 de julio al mediodía, allá por los años 20 de este siglo, atrayendo,
claro, la curiosidad de los más pequeños y de otros mayores.
Algunos años después, dos
concejales se presentaron en la Plaza del Castillo con la idea de disparar ellos mismos
los cohetes como señal de comienzo de fiestas y en 1940 se vino a
alcanzar un carácter oficial, al trasladarse el acto al Ayuntamiento, desde cuyo balcón
principal, con fachada profusamente adornada y también llena de visitantes, se lanzan los
cohetes en un acto multitudinario como pocos del planeta.
¿El futuro del txupinazo? el
txupinazo está firmemente insertado en los Sanfermines y si tiene algún problema es la
multitud, que llena la Plaza Consistorial, las calles y plazas cercanas y precisa más y
más espacio cada año. Como antes los fuegos se lanzaban desde la Plaza del Castillo y
ahora desde la Ciudadela, podría ser que deban trasladarse a otro lugar mucho más
amplio. Entonces quizá no sería igual, o sería lo mismo, un bonito, ruidoso y celebrado
comienzo de unas muy famosas fiestas ante una enorme multitud.
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