Algo folklórico
en el alma, con orígenes que se pierden en la noche de los tiempos, cuanto menos
medievales, son los Gigantes, los Kilikis, los Cabezudos
y los Zaldikos o caballitos y, por supuesto, el conjunto de personas que
los hacen bailar, los portadores, grupo de gran mérito, paciencia y
habilidad. Acompañan los gaiteros y txistularis.
los
Reyes blancos mirándose; los Reyes negros al fondo |
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Desfilan bailando
por las calles en algunos días señalados del año (muy especialmente, durante todos los
Sanfermines) y a veces se unen a procesiones religiosas.
Aunque
van en grupo, llamado Comparsa (formando grupo cerrado los Gigantes y más
dispersos el resto, pero siempre cercanos a los Gigantes), propiamente tienen aspectos y
funciones distintas : los ocho Gigantes pasean su majestuosidad (ver
foto arriba) y bailan con muy buen estilo. Su música, la de txistularis y gaiteros
que les acompañan. En sus alrededores hacen travesuras los seis Kilikis.
(Caravinagre;
detalle del Cartel de 1997). |

Los nombres de los Kilikis
son por
su aspecto : Caravinagre, Napoleón,
Verrugón, Barbas, Patata y Coleta.
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Les acompañan los
cinco Cabezudos, más solemnes (el alcalde, el concejal, la abuela,
el japonés, la japonesa). Kilikis y Cabezudos con el tamaño de una persona normal,
evidentemente muy cabezudos éstos : de quizá un metro de diámetro y que
por cierto, pesa 14 kilos. Los Kilikis, los
Cabezudos y los seis Zaldikos (caballitos), desordenadamente,
persiguen a los niños, que unos todavía lloran y otros ríen y casi todos corren
esquivándoles o aguantan sus levísimos golpes. Cerca, los Gigantes majestuosamente
marcan la pauta de la comitiva.
Desde el siglo el siglo XVI
hay constancia de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona. Sin embargo, en el
XVIII se perdió la costumbre y en el XIX se recupera gracias a 6
gigantes propiedad de la Catedral de Pamplona. En 1860 el Ayuntamiento
encargó al escultor Tadeo Amorena la construcción de 8 Gigantes que
representaran 4 continentes o razas (sí, queda confuso, por un lado
son representación de los continentes y por otro, de razas humanas y nadie sabe la causa,
pero falta algún continente): blanca, amarilla, moro-negra e indo-americana. Así
resultaron 4 parejas de rey y reina, los que actualmente podemos
contemplar y admirar. Su peso oscila entre los 59 y los 67 kgs., no excesivo para su
altura de casi cuatro metros; y su portador (uno por Gigante) además debe bailarlos
perfectamente según la música de gaita navarra y tambor, interpretada por los Gaiteros
de Pamplona-Iruñeko Gaiteroak, y haciendo grupo con el resto de Gigantes, a los que
apenas ve; se trata de uno de los trabajos de mayor profesionalidad y
dificultad de los Sanfermines. A finales de siglo se crearon 5 Cabezudos, a manos de
Félix Flores, para complementarles.
Los centenarios Gigantes, ya
dignos de un Museo, cuando actúan todos a una en las estrechas calles del Casco Antiguo
dan unos de los más impresionantes momentos de Pamplona. Basta seguirles por las calles
para observar lo mucho que les quieren pequeños y mayores. La despedida de los Gigantes y
toda la Comparsa, hasta el año que viene, un sencillo acto que reúne miles de
niños con el fin de los Sanfermines, hace saltar lágrimas a muchos.
