Como se sabe, los Sanfermines
duran desde el 6 hasta el 14 de julio. Son las fiestas de Pamplona, en honor de San
Fermín, obispo de Amiens, algunos dicen que incluso nacido en Pamplona y posteriormente
martirizado (pero todo eso, sin mucha certeza histórica).
Antiguamente (siglos XII al XV), estas fiestas
se celebraban en octubre pero se trasladaron al 7 de julio, coincidiendo con las ferias de
ganado que se celebraban en estas fechas y desde entonces se ha mantenido.
Pero la organización se inicia meses antes con el concurso del cartel
anunciador, las contrataciones de ganaderías, la celebración de la escalera de
San Fermín (escalera : uno de Enero, dos de Febrero, tres de Marzo
... y así hasta el siete de Julio), la elaboración y presentación del
programa,la instalación de las barracas (o feria para los de fuera), la tómbola y sus
actividades... Ya más cerca de las fiestas en sí, y dando a la ciudad un ambiente de
expectación y nerviosismo, comienza la instalación de la parte fija del vallado del
encierro, la presentación de las peñas, la noche de San Juan, la Sampedrada.., llegan
las primeras ganaderías a los corrales y también empiezan a dejarse ver los extranjeros
más madrugadores.
Sólo si uno es capaz de meterse en la fiesta sin preocuparse de estar
en todos los sitios, podrá disfrutarla y entenderla. Es mejor dejarse llevar, no
programar excesivamente el día porque la fiesta está en todas partes; es espontánea y
unos actos con otros van enlazados. Es una mezcla entre lo religioso, de donde parte la
fiesta, y lo profano, vivido, desde luego, desde la perspectiva menos religiosa aunque
bien podríamos decir que casi todos los aspectos de la fiesta se celebran como un rito,
una religión, con devoción. No en vano, en muchos momentos de peligro en los que no
ocurre nada, rápidamente se piensa que ha actuado el capote de San Fermín, por
ejemplo.
Sin embargo, para referirnos a la fiesta, podríamos hacer un recorrido
por el programa, viendo lo que anuncia le rodea y aspectos no oficiales pero desde luego
importantes.
Como viene siendo costumbre, las fiestas comienzan oficialmente con el chupinazo, que consiste en el disparo de un cohete, y otros
después, a las 12 del mediodía del 6 de julio (día víspera). Pero ese día,
desde primeras horas de la mañana, se van acercando a la Plaza Consistorial o del
Ayuntamiento miles de personas, jóvenes en su mayoría, que llenarán la plaza hasta que
no quepa ni un alfiler, al igual que las calles y plazas cercanas. Ellos ya han comenzado
la fiesta y aguardan el cohete saltando, bailando, cantando, derramando botellas de
champán por encima de las cabezas del resto. Esta masa, que parece una sola persona con
muchas cabezas, ve cómo se acerca la hora esperada y unos minutos antes de las 12
desvían sus miradas hacia un concreto balcón del Ayuntamiento, que hoy está adornado
con escudos, banderas ... Aparecen los primeros personajes: timbaleros, maceros ... La
gente, alborotada, sujeta su pañuelo rojo entre las manos en alto y recuerda al
Ayuntamiento que ya es la hora, al grito de
¡San Fermín!, ¡San Fermín!.
Sale el concejal encargado de
encender la mecha del primer cohete y se hace un corto silencio en el que el edil grita
desde el balcón:
Pamploneses, pamplonesas, ¡VIVA SAN
FERMIN!,
Iruñatarrak, ¡GORA SAN FERMIN!.
A lo que la masa corresponde
con todas sus fuerzas e inmediatamente suena ese primer cohete con el que los mozos de la
plaza, ya con el pañuelo en el cuello, y Pamplona entera rompen en saltos, bailes,cantos
y alegría : los Sanfermines han comenzado.
A primera hora de la tarde, las 16.30, de este mismo 6 de julio la
Corporación se prepara para acudir al primer acto religioso de la fiesta, las Vísperas, acto que se viene celebrando desde el siglo XV, al
menos, y que significaba el comienzo de las fiestas. La comitiva se compone de los Gigantes y Cabezudos, La Pamplonesa
(o Banda de Música), los maceros... y los concejales. Salen de la Casa Consistorial y se
encaminan hacia la Capilla de San Fermín, en la Iglesia de San Lorenzo, donde les espera
el párroco para comenzar el acto litúrgico.
Este recorrido no les va a resultar tan sencillo, ya que un grupo de
mozos, cada vez más numeroso, intentará frenar su marcha al son de la música del Vals de Astrain. Es uno de los actos más populares y se
conoce como el RIAU-RIAU.
Si seguimos el programa nos encontramos en el día 7 de julio, día del
patrón por excelencia, en que todo el mundo se viste de "pamplonica"
(camisa, pantalón o falda, calzado, blancos; pañuelo y faja, rojos; queda perfecto con txapela
o boina roja o negra. En cualquier caso, claramente ir "de pamplonica" es ir
mayormente de blanco y con pañuelo rojo, por lo menos). El acto principal y más
significado del día, es la procesión. El Ayuntamiento, las
peñas, cofradías artesanales, la Comparsa de Gigantes y Cabezudos ... acompañan a la
figura del santo en su recorrido, cada vez más lento pues las calles se abarrotan de
gente que quiere ver la figura de San Fermín y cantarle una jota o entregarle un ramo de
flores. Ciertamente es un acto muy emotivo.
Sin embargo, los actos que forman el eje de las fiestas son aquellos
relacionados con el toro y que se celebran todos los días, a la
misma hora:
A las 8 de la mañana se
corre el encierro, acto muy típico y divulgado, emotivo y
peligroso. La actividad comienza un par de horas antes cuando los madrugadores y
trasnochadores se acercan al recorrido para coger un sitio en el vallado y no perderse
detalle, o para correr. Uno se mete en el ambiente si es capaz de observar todo lo que
sucede: la colocación de la parte del vallado que se desmonta todos los días; las bandas
de música que pasan por allí cerca, que han salido puntualmente a tocar las dianas;
los corredores y su nerviosismo; los guardias municipales intentando poner orden,
especialmente dentro del recorrido. Uno puede también hacer tiempo saboreando un caliente
y reconstituyente caldico. Aquellos que elijan la cuesta de Santo Domingo, podrán
vivir el momento en que los mozos, dispuestos a correr, cinco minutos antes del encierro,
cantan al santo, que se encuentra en una hornacina en el muro, una oración que dice:
A
San Fermín pedimos,
por ser nuestro patrón,
nos guíe en el encierro,
dándonos su bendición.
Lo repiten tres veces, periódico en mano.
Entre tanto la calle es un continuo saltar de los mozos que intentan
así quitarse sus nervios. Aquellos que prefieran ver la llegada del encierro, corredores
y toros, a la Plaza de Toros, disfrutarán de otro espectáculo diferente, el del abanico
de corredores que entra a presión en el ruedo, por el callejón y, entre ellos,
abriéndose camino como pueden, los toros. Después podrán ver la suelta de vaquillas,
donde se producen numerosas situaciones graciosas y otras más o menos agradables.
Por supuesto, después de los nervios, es necesario reponerse con un
desayuno, a poder ser de chocolate con churros. Otros directamente se dedicarán a
preparar el almuerzo.
Cerca ya de la hora del aperitivo, el aficionado al toro tiene una
buena oportunidad de acercarse hasta el apartado, donde podrá observar los toros
que han corrido esa mañana en el encierro y que serán lidiados por la tarde. A través
de una serie de pasillos y corrales, los toros se presentan, emparejan, son sorteados
entre los lidiadores y metidos en chiqueros. Uno puede ir aprendiendo algo de ese mundillo
taurino cuando, antes del sorteo, se van nombrando las características del toro que
está delante en ese momento y te rompes los cuernos (con perdón por el ejemplo)
intentando relacionar las que se le atribuyen con las que tu observas: meano, bragado,
calcetero... Se trata de un acto más íntimo, reservado a verdaderos aficionados y
entendidos. Es una parte de la otra cara de la corrida que se celebrará por la tarde.
Efectivamente, a primeras horas de la tarde todo aquel que pretenda ir
a la plaza de toros a presenciar la corrida, comienza a
prepararse. El que ya tiene abono, sólo tendrá que preocuparse por la merienda. El que
no, o bien habrá comprado su entrada a la mañana o tendrá que buscársela en la reventa
(situada a pocos metros de las taquillas oficiales), algo arriesgado, sin garantía de
éxito y posiblemente muy caro.
Hay otros personajes que también acuden a la plaza y cuyo desfile es
digno de ver y el de caballeros en plaza que, con La Pamplonesa
(Banda Municipal de Música) a una, anuncian el comienzo de la tarde con su principal
acto, la corrida.
Otro desfile también muy curioso, aunque menos serio y más
bullicioso, es el de las peñas. Este particular desfile se
reconoce a lo lejos porque cada peña lleva su propia txaranga (banda de música) y
pancarta (exactamente una pancarta, con dibujos y leyendas generalmente críticas para con
la política local) y se diferencian por su vestimenta. No las habíamos nombrado
todavía, pero las peñas son el alma de las fiestas, las que le ponen la alegría,
gran parte de la música y marcan su ritmo.
Ya en la plaza, uno puede estar situado en sol o en sombra,
lo que, en esta ciudad, significa ver los toros de manera muy diferente. No son dos
colectivos enfrentados, en parte porque algunos de los que hoy están en sombra en otros
momentos han estado en sol. Pero sí son dos espectáculos diferentes. En sombra el
ambiente es más bien serio, atento a los toros y aquí se encuentran los entendidos y los
que, principalmente, tienen interés por ver la lidia, aunque de vez en cuando la vista se
les escape hacia los tendidos de sol. Esta otra parte de la plaza es el dominio de las peñas.
También allá hay entendidos pero digamos que lo que prima es la fiesta y por eso todo el
tiempo están cantando, bailando, inventando letrillas satíricas, rociando de champán y
vino (o lo que sea, sólido o líquido) a los de alrededor. Y desde luego, no puede faltar
el rito de la merienda en el tercer toro, con el aparante desmadre total que se
produce. Sorprende mucho a quien va por primera vez a los tendidos de sol es, por una
parte, la gran capacidad de estos mozos por estar en todo, porque al tiempo que bailan,
cantan... siguen puntualmente todo lo que ocurre en el ruedo y son los primeros en
aplaudir o abuchear la faena. Por otra parte, también es sorprendente lo asqueroso que se
sale de la plaza pero es parte de la fiesta, sin duda, y si no, pueden verlo a la salida.
Hay que decir que igualmente admirable que la alegría de las peñas, es la capacidad de
concentración del torero, porque debe ser francamente difícil lidiar con tanto ruido,
objetos volando a la arena... Lo único que queda añadir es que a pesar de lo que pueda
parecer "ver los toros" desde los tendidos de sol es una buena experiencia y, si
uno no es un milindris (o sea, un remilgado/a), la diversión y la sorpresa están
garantizadas, aunque no conozcas a nadie.
Si la entrada es el anuncio del comienzo de la tarde, la salida de la
plaza es lo que da un revulsivo a la ciudad. La salida de las peñas con su música
va arrastrando a la gente de forma que al poco hay una verdadera masa detrás de cada
pancarta y txaranga. Y bien que se ocupan éstas de mantener esa fiesta; cada vez vaya
más gente a verlo y participar, ésto sí que es mover masas!.
El último acto del día relacionado con los toros sería el encierrillo,
bastante restringido y que consiste en el traslado nocturno de los toros desde los corrales
del Gas, en el barrio de Rotxapea donde se desencajonan a su llegada a
Pamplona, hasta el corral de Santo Domingo, desde donde comenzará el encierro al día
siguiente. Debe hacerse en silencio y el recorrido está despejado. Sólo van detrás los
pastores, que como en el encierro, se ocupan de hostigar a los toros en su trayecto, y no
se despisten. Parece que pocos años más se repetirá, cosas del urbanismo, por la
próxima desaparición de los corrales del Gas, así llamados por estar donde una antigua
fábrica de gas.
El último acto religioso de las fiestas es la octava de San Fermín,
que es la despedida al santo por la Corporación.
Y de la misma manera que empezaron, los Sanfermines acaban oficialmente
el 14 de julio a las 12 de la noche y en el mismo lugar, la Plaza Consistorial. También
sale al balcón un personaje del consistorio, en este caso el alcalde, que ante la plaza
llena de gente con velas en la mano, tiene que dar por acabada la fiesta, mientras se oye
el Pobre de mí, canción que viene a repetir Pobre de mí, pobre de mí, que se
han acabáu las fiestas de San Fermín!, una y otra vez. Pero, aunque la fiesta
termine y se vuelva a la normalidad, queda un grito de esperanza: !ya falta menos para
el glorioso San Fermín! y empieza la cuenta atrás, hasta el año.
Además de lo dicho, hay muchas otras cosas con las que seguir la
fiesta. Se puede disfrutar de los desfiles diarios de la Comparsa
de Gigantes y Cabezudos, admirando el esfuerzo y el arte de sus realizadores y de
sus porteadores, o viendo las expresiones de pánico en las caras de los chavales y las de
emoción en las de los mayores; de las meriendas en plena calle; de la música que fluye
por todas partes, las txarangas, los bailes regionales, las actuaciones improvisadas; de
las actividades y ambiente de las barracas políticas; de un divertido rato en las
barracas (o feria) recordando viejos tiempos; de las numerosas y variadas verbenas; de la
tradicional feria de ganado que pocos conocen; de los conciertos; de la
tranquilidad y espectacularidad de los fuegos artificiales; de las primeras carreras de
los futuros corredores del encierro ante el toro de fuego; de ir por la noche de
peñas; de la especial noche del Estruendo (o Struendo) de Iruña tan ruidosa
como se puede suponer y más, que sale cada año un día diferente y sin previo aviso...
Pero la fiesta está en la calle, en todos los sitios, en la propia
gente; no es necesario perder el tiempo buscándola.
Una de las características de esta fiesta es su internacionalidad;
cabe todo el mundo y resulta muy fácil comunicarse, gracias al buen espíritu que se
respira en estos días. Para toda esta gente que viene a visitar la ciudad en fiestas,
aquí publicamos unos servicios para los visitantes que os
podrían ser útiles.
