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El Juzgado de Cambados ha ordenado el ingreso en
prisión del Director Provincial de la
Telefónica y de todos los empleados de la
citada Compañia en la provincia.
Ese ha sido uno de los resultados de la
Operación Centollo organizada contra
los traficantes gallegos de droga. La
explicación según fuentes del
Juzgado, es que pronto se supo que los traficantes
utilizan con gran frecuencia el
teléfono, y en concreto, gran
número de aparatos telefónicos
instalados en empresas y en sus domicilios
particulares. Incluso, parece ser, utilizaban
cabinas telefónicas públicas,
situadas en calles y plazas de la comarca.
El titular del Juzgado de Cambados sostiene que
ello ha convertido a la Telefónica de
España en colaborador necesario en el
tráfico de drogas. Una de las primeras
medidas ha sido, efectivamente, ordenar el ingreso
en prisión de todos los empleados de la
Telefónica de Pontevedra, encabezados por su
Director. Otra de las medidas ha sido precintar
cada una de las cabinas telefónicas
de diversas localidades.
Los empleados comparten celdas con los
traficantes detenidos. A unos y otros se les ha
denegado lilbertad bajo fianza. Nuestro
corresponsal nos ha enviado esta crónica por
telegrama, a fin de no incurrir en las iras del
Juzgado. Según nos han informado, la
Dirección General de la Compañia, en
pleno, ha pedido asilo en la Embajada de Cuba en
Madrid, extremo que no ha podido ser confirmado por
nuestro periódico pues se niegan a ponerse
al teléfono cuando, repetidamente,
les hemos llamado desde nuestra redacción.
Otra de las consecuencias ha sido también
imprevista: gran número de pontevedreses han
llegado a asociar la droga con aparato
telefónico y se han dado de baja en
ese servicio. Algunos aparatos
telefónicos han aparecido en cubos de
basura, frecuentemente destrozados. Se dice, pero
tampoco hemos podido comprobarlo, que tres belgas
que acababan de realizar el Camino de Santiago
provistos de aparatos telefónicos
comparten celda con los traficantes y los empleados
de la Telefónica. Igualmente, nos aseguran
pero no hemos podido confirmar que los servicios de
transporte público de la comarca
están sobrecargados, pues los usuarios se
niegan a circular en las líneas que
discurren cercanas a cabinas
telefónicas en tanto siguen
asociándolas al tráfico de drogas.
Por ello, la primera pregunta que reciben los
taxistas de sus clientes es si el taxi está
provisto de algún aparato
telefónico. Así las cosas,
todos los taxistas han retirado incluso sus radios
para que las antenas no confundan a sus usuarios...
La situación no parece estacionaria.
Tendremos debidamente informados de la
situación a nuestros lectores, pero les
pedimos que en estas circunstancias es muy
difícil a los periodistas realizar nuestra
labor. Hemos enviado ya varios corresponsales
especiales a la comarca, pero no encuentran
fácil, como será obvio, comunicarse
con esta Redacción. Alguno de ellos,
previsoramente, iba provisto de palomas mensajeras,
por lo que confiamos recibir pronta
información.
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